| Homilía
por el Congreso de Juvenil: 7 Febrero 2009
Given by the Most
Reverend Stephen E. Blaire at the Cathedral of the Annunciation
in Stockton.
Es realmente maravilloso verlos a todos ustedes aquí reunidos en este Congreso para jóvenes Hispanos. Puedo ver que la iglesia es joven porque se compone de tanta gente joven como ustedes.
En el pasaje que acabamos de escuchar, del evangelio de San Marcos, Simón Pedro le dice a Jesús: “Todos te andan buscando!” Hoy en día hay muchos jóvenes buscando el sentido y el significado de su vida; ustedes hay venido hoy aquí para encontrar que la vida tiene sentido en la medida que conocemos a Jesús.
Ustedes creen en Jesús y su fe puede crecer cada día. La fe es como una semilla que se ha plantado en la tierra; uno fertiliza la tierra y la riega y la semilla comienza a crecer y a transformarse en una planta. Mientras que crece, las malas hierbas también crecen alrededor de la semilla y uno tiene que quitar las malas hierbas. Uno tiene que regar la plantita y cuidarla, cerciorándose de que reciba bastante luz del sol y abono suficiente. Al crecer la plantita uno también tiene que tener cuidado de podarla cuando es necesario para que crezca como debe ser.
Establecer una relación de amistad, crecer en la fe, conocer a Jesús, toma su tiempo. Si eres un estudiante y te gusta estudiar sobre la historia de las Américas, te darás cuenta que mientras más estudias, más aprendes y más deseas saber. Uno nunca deja de aprender. Lo mismo sucede con la fe. Uno nunca deja de aprender, conocer y crecer en la fe. Si alguien trabaja en construcción, mientras más casas construye, más experiencia adquiere. Es igual con la fe. Mientras más practica uno su fe, más se fortalece en ella y más se acerca a Jesús.
Cuando Pedro le dijo a Jesús que que todo el mundo lo andaba buscando, Jesús le dijo que tenía que ir a las aldeas vecinas y predicar y expulsar demonios. Hay todas las clases de demonios que tartan de apartarlos de Jesús. Uno de los peores demonios es el miedo. Si tú tienes miedo de ser amigo de Jesús, miedo de hacer lo que Él quiere que tú hagas, miedo de que tus amigos te rechazen o se burlen de ti, Jesús tiene el poder de expulsar a ese demonio si tú lo dejas.
Otro demonio que interfiere en nuestra relación con Jesús es el que te dice que tú no debes de pensar tanto en Dios. Este demonio te dice: ‘Piensa solamente en lo que tú quieres hacer; cuánto te puedes divertir; cuánto dinero puedes ganar. No dejes que Dios se meta en tu vida! Si piensas en Dios, Él puede pedirte que ayudes a otros y que ames a los demás más de lo que tú quieres amarlos’. Jesús también puede liberarte de ese demonio.
Otro demonio te dice que la vida es triste, injusta, dolorosa. Que la única manera que vas a salir adelante es superándote sin dejar que la gente se convierta en un obstáculo en tu camino. Tú eres el único que cuenta. Este demonio no quiere que hagas caso de lo que dice Jesús. No quiere que tomes en cuenta a la gente que estás lastimando; quiere que pienses solamente en ti. Jesús puede echar fuera a todos estos demonios si tú lo dejas ser tu amigo.
Si tú vas a Misa el domingo, si rezas, si hablas con Dios todos los días, si lees tu biblia, si andas con buenos amigos que aman a Dios, si te confiesas de vez en cuando, especialmente antes de Navidad y de la Pascua, si estás en un grupo juvenil católico … tu fe será más profunda cada día y tú estarás cada vez más cerca de Jesús. Él será el centro de tu vida. Si le tienes devoción a la Virgen de Guadalupe y le pides que Ella, como tu madre, ruegue por ti, Ella estará contigo para fortalecer tu fe y ayudarte a permanecer cerca de Jesús. Cuando te acercas a Jesús y experimentas Su amor, tú también lo amas. Tu fe te hará ser una persona amable y cariñosa: amarás a Dios y amarás a los demás.
“Oh, --me vas a decir: “éstas son ideas muy hermosas pero no son fáciles de realizar.” Y sí es cierto. Pero nosotros podemos darnos por vencidos ante los demonios y dejarlos que tengan el control de nuestra vida, o podemos invitar a Jesús para que venga y que Él eche fuera a todos los demonios. No importa cuántas veces fallamos o cuántas veces pecamos o no hacemos lo que tenemos que hacer, Jesús nunca nos abandona. Él siempre está con nosotros.
Aunque nosotros mismos no nos valoremos, aunque nos demos por vencidos, Jesús nunca nos desprecia y Él nunca se da por vencido. Jesús nos espera siempre para que nosotros seamos sus amigos.
Last Update February 9, 2009
|